Niebla
Niebla Notó Augusto que algo insólito le ocurrÃa a su amigo VÃctor; no acertaba ninguna jugada, estaba displicente y silencioso.
—VÃctor, algo te pasa…
—SÃ, hombre, sÃ; me pasa una cosa grave. Y como necesito desahogo, vamos fuera; la noche está muy hermosa; te lo contaré.
VÃctor, aunque el más Ãntimo amigo de Augusto, le llevaba cinco o seis años de edad y hacÃa más de doce que estaba casado, pues contrajo matrimonio siendo muy joven, por deber de conciencia, según decÃan. No tenÃa hijos.
Cuando estuvieron en la calle, VÃctor comenzó:
—Ya sabes, Augusto, que me tuve que casar muy joven…
—¿Que te tuviste que casar?
—SÃ, vamos, no te hagas el de nuevas, que la murmuración llega a todos. Nos casaron nuestros padres, los mÃos y los de mi Elena, cuando éramos unos chiquillos. Y el matrimonio fue para nosotros un juego. Jugábamos a marido y mujer. Pero aquello fue una falsa alarma…
—¿Qué es lo que fue una falsa alarma?
