Niebla
Niebla —Pues se equivoca usted de medio a medio. Porque precisamente después de haberme mi sobrina dicho todo lo que acabo de repetirle a usted, al insinuarle yo y aconsejarle que pues ha reñido con el gandul de su novio procurase ganar a usted como tal, vamos, usted me entiende…
—SÃ, que me reconquistase…
—¡Eso! Pues bien, al aconsejarle esto, me dijo una y cien veces que eso no y que no y que no; que le estimaba y apreciaba a usted para amigo y como tal, pero no le gustaba como marido, que no querÃa casarse sino con un hombre de quien estuviese enamorada…
—Y que de mà no podrá llegar a estarlo, ¿no es eso?
—No, tanto como eso no dijo…
—Vamos, sÃ; que esto también es diplomacia…
—¿Cómo?
—SÃ, que viene usted no sólo a que yo perdone a esa… muchacha, sino a ver si accedo a pretenderla para mujer, ¿no es eso? Cosa convenida, ¿eh?, y ella se resignará…
—Le juro a usted, don Augusto, le juro por la santa memoria de mi santa madre que esté en gloria, le juro…
—El segundo, no jurar…