Niebla
Niebla —Ni Desdémonos.
—¡Puede ser…!
—Pero qué cosas dices…
—Es que antes de haberme casado con Liduvina y venir a servir a casa del señorito habĂa servido yo en muchas casas de señorones… me han salido los dientes en ellas…
—¿Y en vuestra clase?
—¿En nuestra clase?, ¡bah!, nosotros no nos permitimos ciertos lujos…
—¿Y a qué llamas lujos?
—A esas cosas que se ve en los teatros y se lee en las novelas…
—¡Pues, hombre, pocos crĂmenes de esos que llaman pasionales, por celos, se ven en vuestra clase…!
—¡Bah!, eso es porque esos… chulos van al teatro y leen novelas, que si no…
—Si no, ¿qué?
—Que a todos nos gusta, señorito, hacer papel y nadie es el que es, sino el que le hacen los demás.
—Filósofo estás…
—AsĂ me llamaba el Ăşltimo amo que tuve antes. Pero yo creo lo que le ha dicho mi Liduvina, que usted debe dedicarse a la polĂtica.