Niebla
Niebla —O una nivola…
—Como quieras.
Y rompiendo bruscamente la voluptuosidad de la conversación se salió.
En la calle acercósele un mendigo diciéndole: «¡Una limosna, por Dios, señorito, que tengo siete hijos…!». «¡No haberlos hecho!», le contestó malhumorado Augusto. «Ya quisiera yo haberle visto a usted en mi caso —replicó el mendigo, añadiendo—: y ¿qué quiere usted que hagamos los pobres si no hacemos hijos… para los ricos?». «Tienes razón —replicó Augusto—, y por filósofo, ¡ahà va, toma!», y le dio una peseta, que el buen hombre se fue al punto a gastar a la taberna próxima.