Niebla
Niebla —Dice ese escritor, y lo dice en latÃn, que asà como cada hombre tiene su alma, las mujeres todas no tienen sino una sola y misma alma, un alma colectiva, algo asà como el entendimiento agente de Averroes, repartida entre todas ellas. Y añade que las diferencias que se observan en el modo de sentir, pensar y querer de cada mujer provienen no más que de las diferencias del cuerpo, debidas a raza, clima, alimentación, etc., y que por eso son tan insignificantes. Las mujeres, dice ese escritor, se parecen entre sà mucho más que los hombres y es porque todas son una sola y misma mujer…
—Ve ahà por qué, amigo Paparrigópulos, asà que me enamoré de una me sentà en seguida enamorado de todas las demás.
—¡Claro está! Y añade ese interesantÃsimo y casi desconocido ginecólogo que la mujer tiene mucha más individualidad, pero mucha menos personalidad, que el hombre; cada una de ellas se siente más ella, más individual, que cada hombre, pero con menos contenido.
—SÃ, sÃ, creo entrever lo que sea.
—Y por eso, amigo Pérez, lo mismo da que estudie usted a una mujer o a varias. La cuestión es ahondar en aquella a cuyo estudio usted se dedique.
—Y ¿no serÃa mejor tomar dos o más para poder hacer el estudio comparativo? Porque ya sabe usted que ahora se lleva mucho esto de lo comparativo…