Niebla
Niebla —Claro, si lo tenemos. Y si no, ¿por qué no el perro?, ¿por qué no el perro, del que se ha dicho con tanta justicia que serÃa el mejor amigo del hombre si tuviese dinero…?
—No, si tuviese dinero el perro no serÃa amigo del hombre, estoy segura de ello. Porque no lo tiene es su amigo.
Otro dÃa le dijo Eugenia a Augusto:
—Mira, Augusto, tengo que hablarte de una cosa grave, muy grave, y te ruego que me perdones de antemano si lo que voy a decirte…
—¡Por Dios, Eugenia, habla!
—Tú sabes aquel novio que tuve…
—SÃ, Mauricio.
—Pero no sabes por qué le tuve que despachar al muy sinvergüenza…
—No quiero saberlo.
—Eso te honra. Pues bien; le tuve que despachar al haragán y sinvergüenza aquel, pero…
—¿Qué, te persigue todavÃa?
—¡TodavÃa!
—¡Ah, como yo le coja!…
—No, no es eso. Me persigue, pero no ya con las intenciones que tú crees, sino con otras.
—¡A ver!, ¡a ver!
—No te alarmes, Augusto, no te alarmes. El pobre Mauricio no muerde, ladra.