Niebla
Niebla VÃctor encontró a Augusto hundido en un rincón de un sofá, mirando más abajo del suelo.
—¿Qué es eso? —le preguntó poniéndole una mano sobre el hombro.
—Y ¿me preguntas qué es esto? ¿No sabes lo que me ha pasado?
—SÃ, sé lo que te ha pasado por fuera, es decir, lo que ha hecho ella; lo que no sé es lo que lo pasa por dentro, es decir, no sé por qué estás asÃ…
—¡Parece imposible!
—Se te ha ido un amor, el de a; ¿no te queda el de b, o el de c, o el de x, o el de otra cualquiera de las n?
—No es la ocasión para bromas, creo.
—Al contrario, esta es la ocasión de bromas.
—Es que no me duele en el amor; ¡es la burla, la burla, la burla! Se han burlado de mÃ, me han escarnecido, me han puesto en ridÃculo; han querido demostrarme… ¿qué sé yo?… que no existo.
—¡Qué felicidad!
—No te burles, VÃctor.
—Y ¿por qué no me he de burlar? Tú, querido experimentador, la quisiste tomar de rana, y es ella la que te ha tomado de rana a ti. ¡Chapúzate, pues, en la charca, y a croar y a vivir!
—Te ruego otra vez…
