Niebla
Niebla Miró a todas partes por si le miraban, pues se sorprendió abrazando al aire. Y se dijo: «El amor es un éxtasis; nos saca de nosotros mismos».
Le volvió a la realidad —¿a la realidad?— la sonrisa de Margarita.
—¿Y qué, no hay novedad? —le preguntó Augusto.
—Ninguna, señorito. TodavÃa es muy pronto.
—¿No le preguntó nada al entregársela?
—Nada.
—¿Y hoy?
—Hoy, sÃ. Me preguntó por sus señas de usted, y si le conocÃa, y quién era. Me dijo que el señorito no se habÃa acordado de poner la dirección de su casa. Y luego me dio un encargo…
—¿Un encargo? ¿Cuál? No vacile.
—Me dijo que si volvÃa por acá le dijese que estaba comprometida, que tiene novio.
—¿Que tiene novio?
—Ya se lo dije yo, señorito.
—No importa, ¡lucharemos!
—Bueno, lucharemos.
—¿Me promete usted su ayuda, Margarita?
—Claro que sÃ.
—¡Pues venceremos!