Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma No me digáis esas niñerías. ¿Cúyos eran los capitanes? ¿Cúya era la gente? ¿Quién la pagaba? ¿Cúyas las banderas? ¿A quién obedecían? Esas son cosas para entre niños. Mas me maravillo de quien tan gran vanidad inventa y de los cardenales, que tal cosa consintieron se hiciese en su nombre. Mas muy bien está, pues los ha Dios castigado.
ARCEDIANO:
¿No queríais que el Papa castigase los coloneses, pues son sus súbditos?
LACTANCIO:
No, pues había dado su fe de no hacerlo, y rompía la tregua siempre que tomaba las armas contra ellos, y sabía que el Emperador no lo había de consentir, pues los coloneses también son sus súbditos, como del Papa, y es obligado, como buen príncipe, de ampararlos y defenderlos.
ARCEDIANO:
Pues veamos: ya que esa tregua se rompió, y de la una parte y de la otra se hicieron muchos males, ¿por qué el Emperador después no quiso guardar la otra tregua que el Virrey de Nápoles hizo con el Papa, al tiempo que estaba perdida mucha parte del reino de Nápoles y todo el resto en manifiesto peligro de perderse?