Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
LACTANCIO:
Por acabar de cumplir lo que os prometÃ, allende de lo que en esto a la mesa hemos platicado, cuanto a lo primero vos no me negaréis que todos los vicios y todos los engaños que la malicia de los hombres puede pensar no estuviesen juntos en aquella ciudad de Roma, que vos con mucha razón llamáis santa, porque lo deberÃa de ser.
ARCEDIANO:
Ciertamente, en eso vos tenéis mucha razón, y sabe Dios lo que me ha parecido siempre de ello y lo que mi corazón sentÃa de ver aquella ciudad (que, de razón, deberÃa de ser ejemplo de virtudes a todo el mundo) tan llena de vicios, de tráfagos, de engaños y de manifiestas bellaquerÃas. Aquel vender de oficios, de beneficios, de bulas, de indulgencias, de dispensaciones, tan sin vergüenza, que verdaderamente parecÃa una irrisión de la fe cristiana, y que los ministros de la Iglesia no tenÃan cuidado sino de inventar maneras para sacar dineros. Empeñó el Papa ciertos apóstoles que habÃa de oro y después hizo una imposición que se pagase en la expedición de las bulas pro redemptione Apostolorum. No sé cómo no tenÃan vergüenza de hacer cosas tan feas y perjudiciales a su dignidad.
