Genio y figura
Genio y figura De esta suerte discurro yo por momentos, pero no tardo en burlarme de mi discurso y en imaginarle nacido de mi cobardÃa: del mÃsero egoÃsmo, del ruin apego a todo mi ser material, que me hace preferir su pausada decadencia en medio del desdén y del olvido de mis semejantes a su desaparición rápida y completa, que me lance de súbito en otro mundo mejor y perdurable y más amplia vida.
Tiempo ha que adquirÃ, a costa de mucho oro, la poción libertadora. Contenida está en este lindÃsimo pomo que pongo sobre mi bufete. El sabio que me la vendió aseguraba que, sin dolor ninguno, en medio de un sueño delicioso, para con suavidad el movimiento del corazón y en las arterias y en las venas cuaja la sangre. La poción está compuesta de láudano y del jugo calmante de varias flores y plantas. Tal vez hay en la poción el refinado zumo de aquella hierba que gustó Glauco y le convirtió en Dios.
Aún estoy vacilante, pero por momentos creo oÃr lejana música y voces suaves que desde una región desconocida y llena de misterios me llaman, me atraen y promueven en mà embriaguez y furor y apetito de ir a unirme con ellas.
Adiós. Me pesan los párpados y van a cerrarse mis ojos. Aún persisto en la indecisión; no sé si beberé del pomo y mis ojos quedarán cerrados para siempre.