Genio y figura

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XIII

Aunque dicen que de la discusión sale la luz, fuerza es confesar aquí que no salió luz ninguna de la discusión constante que Rafaela y el gaucho tenían, y en la que a veces tomaban parte varios tertulianos de la casa, diputados, senadores, hombres políticos y poetas, que siempre en el Brasil los hubo eminentes, descollando entonces entre todos Magalhaens, Gonzálvez Díaz y Araujo Portoalegre, los cuales eran comensales de la casa, complaciéndose Rafaela en tratarlos y agasajarlos.

Gustaba ella de lucir por todos estilos y de dar a sus salones cierto tinte de sabiduría y refinamiento aristocráticos.

Había educado tan bien a D. Joaquín, espoleándole para aquellos trotes, que él había ido, en su carrera desenfrenada, más allá de la meta que ella le puso. De aquí algunos percances y desengaños, que aguaron algo el contento con que D. Joaquín vivía, pero que a Rafaela no le importaron un comino.

D. Joaquín había prestado al gobierno Imperial muy notables servicios, en premio de los cuales, le habían dado la encomienda de la Rosa y hasta se habló de que acaso le darían un título, si bien el título no llegó nunca.


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