El arte y la revolucion
El arte y la revolucion El instinto del trabajo es, cronológica y jerárquicamente, el primero entre todos, antes que el sexo y que el de la conservación. Lo primero que hace un niño al nacer es un esfuerzo (grito, movimiento, gesto) para contrarrestar un dolor, malestar o incomodidad. Este instinto puede llamarse el de la lucha por la vida (instinto del trabajo), base de una nueva estética: la estética del trabajo.
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Matan a Barthou, todos se emocionan. Matan a un pobre hombre durante el mismo atentado y nadie dice nada.
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No hay que engañar a la gente diciendo que lo único que hay en la obra de arte es lo económico. No. Hay que decir claramente que ese contenido de la obra es múltiple —económico, moral, sentimental, etc.— pero que en estos momentos es menester insistir sobre todo en lo económico, —porque ahà reside la solución total del problema de la humanidad.
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«Tovaritch» de Jacques Deval, prueba que la princesa Natalie y su marido ¡nobles!, son unos lacayos que se adaptan y bajan la cerviz allà donde hay dinero. ¡Vaya con los nobles!