El arte y la revolucion
El arte y la revolucion Gide aspira a que la revolución no termine con la desaparición de la miseria. «Si en eso acaba —dice— serÃa bien poca cosa. La revolución debe acabar dando una gran alegrÃa a la humanidad».
Gide yerra. La revolución debe acabar no sólo con una gran alegrÃa, sino con una gran humanidad hecha de alegrÃa; pero también de dolor y lo demás. Lo que pasa es que Gide, rico, ignora qué gran fuente de humanidad superior da el no tener hambre.
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«El triunfo de la U. R. S. S. —dice Gide— permitirá el advenimiento de una literatura alegre. Es desde este punto de vista que la literatura soviética contrastará gloriosamente con la literatura burguesa».
¿El señor Gide ha reflexionado bien en lo que dice? ¿Se da cuenta de lo que serÃa, en el futuro, una literatura en que ya no exista el dolor? ¿Admite el señor Gide siquiera sea la posibilidad de una tal mutilación del corazón humano? ¿No cree el señor Gide que el propio reinado exclusivo de la alegrÃa serÃa el mayor de los dolores que se imponga al hombre? ¡AlegrÃa! ¡Dolor! En todo caso, el señor Gide, al formular su frase, tenÃa seguramente a la dialéctica [ilegible] por la cabeza de su despacho. ¡Muy hegeliano, el señor Gide! Hoy como ayer y como antier.
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