El arte y la revolucion
El arte y la revolucion Una evolución sobrevendrá a la danza: su independencia de la música, de instrumento de fondo o baterÃa, de un violÃn o de una castañuela. La danza será silenciosa, liberada de todo elemento extraño y de todo ritmo extraño advenedizo. La danza palpitará en silencio, inspirada y guiada por una sola música: la de la sangre del danzante.
«Espero una danza, —dice Alfonso Reyes—, que no pretenda contar un cuento, sino simplemente ser danza». Y Alfonso Reyes propone luego «el himno de los hombros, las sonrisas paralelas de la cara y del vientre», etc. Reyes rechaza la danza que cuenta cuentos, pero olvida rechazar la danza que danza motivos musicales. Yo querrÃa algo más radical: la danza que dance la danza y que esté tan lejos de la literatura, como de la música. Algo de esto realiza Lisa Duncan, en «La Internacional» y sus danzas de la revolución rusa.
