La piedra cansada
La piedra cansada La escena representa varios muros megalíticos, formando parte de un baluarte en construcción de la fortaleza de Sajsawaman. Pórticos, pasadizos, escalinatas. Algunas ventanas trapeciales acabadas, otras inconclusas. Al pie de los muros, bloques sueltos, de diverso tamaño, gruesas sogas, grandes parihuelas y otros materiales y útiles de albañilería. Atmósfera ciclópea.
La escena, antes de empezar el espectáculo, muestra el telón levantado, y la decoración aparece, por consiguiente, visible al público.
Al sonar el timbre, todas las luces del teatro se apagan y reinan en él oscuridad y silencio completos. El alba desciende lentamente a posarse en el más grande de los bloques que están sueltos al pie de los muros, dejando el resto del tablado sumido siempre en las tinieblas. Cuando la claridad del día inunda la escena, aparece, sentado al pie de dicho bloque, Tolpor, los codos en las rodillas y el rostro entre las manos, hundido en la cavilación. Pasos convergentes de multitud resuenan en torno al escenario. Del ruido rítmico y tumultuoso, de estos pasos, nace, sin solución de continuidad, la obertura del Himno al Sol.
