La piedra cansada
La piedra cansada Al levantarse el telón, un reflector descubre, en medio de la oscuridad total del escenario, a un siervo sentado en cuclillas frente al público, en la primera grada de una escalinata dispuesta horizontalmente a las candilejas. Delante del siervo, sentado en el suelo, un aríbalo de barro, de base plana y de dos asas. El quechua canturrea una aria, entrecortándola con recitados.
