La piedra cansada
La piedra cansada Tarde, a la orilla de un riachuelo, no lejos de la huerta del cuadro décimo. El sol a medida que transcurre la acción, cae, visible al público, sobre el lejano horizonte del fondo. Tolpor, ciego y mendigo, ansioso, conversa, sentado en una piedra, con Huacopa.
HUACOPA, con infinito respeto: —Dime… tu ceguera… ¿al menos es nativa? ¿Es de este mundo tu ceguera?… ¿Es del otro?… (Tolpor, inmóvil, parece mirar delante de él y no responde). ¿Has visto el mundo alguna vez?
TOLPOR: —Todo ciego se hizo ciego de llorar, buen labrador. Los ciegos de nacimiento lloraron mucho en otra vida.
HUACOPA: —¿A un hombre cualquiera, a un ser ordinario como yo, le estarÃa permitido aspirar a ser mendigo?
TOLPOR: —TendrÃas que vivir sin porvenir y sin pasado. (Por la izquierda viene una mujer, con un hato de ropa a la espalda y un niño de la mano. Tolpor, nervioso). ¿Quién pasa por ahÃ?
HUACOPA: —Una mujer con su niño. (A la mujer). Apártate un poco, mujer… ¡es un mendigo! (La mujer se aparta y se queda mirando a Tolpor).
LA MUJER, bajo, inclinándose: —Un mendigo…
