Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Balta quedose pálido y temblando. Sobresaltado volvió rápidamente la cara atrás y a todos lados, como si su estremecimiento hubiérase debido a la sorpresa de sentir a alguien agitarse furtivamente en torno suyo. A nadie descubrió. Enclavó luego la mirada largo rato en el tronco del alcanfor del patio, y tenues filamentos de sangre, congestionada por el reciente reposo, bulleron en sus desorbitadas escleróticas y corrieron, en una suerte de aviso misterioso, hacia ambos ángulos de los ojos asustados. Después miró Balta el espejo roto a sus pies, vaciló un instante y lo recogió. Intentó verse de nuevo el rostro, pero de la luna solo quedaban sujetos al marco uno que otro breve fragmento. Por aquestos jirones brillantes, semejantes a parvas y agudísimas lanzas, pasó y repasó la faz de Balta, fraccionándose a saltos, alargada la nariz, oblicuada la frente, a retazos los labios, las orejas disparadas en vuelos inauditos… Recogió algunos pedazos más. En vano. Todo el espejo hablase deshecho en lingotes sutiles y menudos y en polvo hialoideo, y su reconstrucción fue imposible.
Cuando tornó al hogar Adelaida, la joven esposa, Balta la dijo, con voz de criatura que ha visto una mala sombra:
—¿Sabes? He roto el espejo.
Adelaida se demudó.
—¿Y cómo lo has roto? ¡Alguna desgracia!
—Yo no sé cómo ha sido, de veras…