Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Algunos días después, inopinadamente, Balta se fue al pueblo. Se fue solo y directamente a la casa. Penetró al zaguán. Un revuelo espeso y de fuga reventó adentro. Sobre el tejado de enfrente posáronse varias palomas y tórtolas silvestres, de tornasolados cuellos, y asustadas agitáronse aguaitando con sus ardientes ojos amarillos, en todas direcciones. Un conejo tordillo y zahareño no supo por dónde meterse; peleó con otro, gordo y rufo, y, gritando, se atunelaron ambos por entre los nidos de las gallinas. Balta se sintió sacudido de un calofrío de inmensa orfandad; y, echando de ver las paredes tan pronto entelarañadas aun más abajo de las soleras; las hendiduras que los pájaros practicaron entre los adobes; las puertas cerradas con candado, el huerto marchito y difunto, solo salpicado de unas que otras flores tardías de azafrán, recostose en el umbral de la puerta de la sala, como guareciéndose, y un llanto que él no pudo contener bañó sus mejillas. ¿Por qué, pues, lloraba así? ¿Por qué?…
