Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Hacía buen tiempo ahora. Un sol caluroso y dorado esparcía su flama sobre los nacientes brotes de los terrosos sembríos, y el cielo despejábase de momento en momento. El rocío brillaba entre las primeras briznas, y cuando Balta subió a la cima, revolaban a su alrededor algunas ledras que se le pegaron de los follajes del tránsito, y tenía empapado el pantalón hasta más arriba de la rodilla. Aquella ropa encharcada empezó a despedir un vaho tibio e inocente.
Balta, sentado en el filo de la roca, miraba todo esto como en una pintura. De su cerebro dispersábanse tumefactas y veladas figuras de pesadilla, bocetos alucinantes y dolorosos. Contempló largamente el campo, el límpido cielo turquí, y experimentó un leve airecillo de gracia consoladora y un basto candor vegetal. Abríase su pecho en un gran desahogo, y se sintió en paz y en olvido de todo, penetrado de un infinito espasmo de santidad primitiva.
Sentose aun más al borde del elevado risco. El cielo quedó limpio y puro hasta los últimos confines. De súbito, alguien rozó por la espalda a Balta, hizo este un brusco movimiento pavorido hacia adelante y su caída fue instantánea, horrorosa, espeluznante, hacia el abismo.