Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos De regreso de la Intipampa, Runto Caska penetró en sus estancias, sombrío y meditabundo. El artista cruzó una pequeña galería de roca desnuda y desbastada a buril, fría y a la sazón desierta, dirigiéndose luego hacia una sala interior, en cuyo centro ardía un pebetero, consistente en una concha de tortuga, que despedía grato calor y voluptuoso aroma de coca y cáscara de plátano. El músico sentose en un banco de cobre, tapizado de pieles de jaguar. Allí permaneció cavilando, la mirada fija en el plafón. El artista sufría. Kusikayar no había asistido a la fiesta del huaraco y su ausencia le colmaba de zozobra. La amaba. Desde el día en que Kusikayar ingresó a la pubertad y su ingreso fue festejado, según el uso quechua, en la humilde choza de la entonces obscura y pobre niña de pueblo, Runto Caska, que había presenciado la quipuchica, la amaba con todo el ardor de su mocedad. Por insinuación del músico, el Inca la había hecho ñusta, en mérito a su don para las danzas sagradas.