Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos En la mañana de aquel día del Situa, en contra de los cálculos astronómicos registrados en el Kalasasaya, el aire se enrareció de repente y todo quedó obscuro, como si la noche cayese. El yllapa cruzó el espacio y siguió un horrísono sacudimiento de tierra. Cayeron algunos muros y techumbres. Un anciano quedó muerto en medio de la calle. Lloraban las madres y en sus brazos gemían los niños, arañando los senos maternales. Muchas esposas encinta dieron a luz violentamente, criaturas dormidas para siempre. En el Hurin-Cusco salió una doncella enloquecida y se arrojó al río Huatanay. El terror de los quechuas no tuvo límites. Salían todos de sus viviendas a las plazas, ululando de miedo y clamando al yllapa, para que cesase en su cólera. La ciudad se conmovió en un inmenso espasmo de pavor. Hombres y mujeres, niños y ancianos, la comunidad entera estuvo reunida en la Plaza de la Alegría, delante de las puertas del Coricancha. Los sacerdotes, con las caras afiladas por el terror, y los amautas, llenos de majestad, predicaron la calma. Un villac dijo, tocado de visiones:
—El yllapa está enfadado. Es a causa de no haberse llevado a cabo la conquista de los tucumanes. Así lo dice el oráculo. Dejad vuestros hogares y luego de ahuyentar el mal de las sementeras, volved aquí, a escuchar el vaticinio de la danza del Situa.