Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Un día, durante las fiestas del huaraca, realizábase en la Intipampa una de las postreras ceremonias para armar caballeros a ochocientos jóvenes del imperio, cuya preparación militar había terminado. En torno del Emperador, velase rebullir a centenares de nobles. Allí estaba el magistrado, de gesto tranquilo, donde latía el signo de la justicia; el amauta, severo y pensativo, cruzada la amplia túnica verde a uno de los hombros; el general, de recta mirada, con su penacho septicolor y sus sandalias de plata, que conocieran fragosas y occiduas regiones; los tristes aravicus, de azules vestiduras, con hilados de áloe en forma de rutilantes insectos del norte; el ermitaño taciturno, venido de las paccarinas lejanas; los rumay-pachaccas, aún tostado el rostro por el reciente viaje desde el turbulento Pongoa o desde el lago Titikaka, a cuyas orillas crecen los maíces del Inti, de granos milagrosos… Tenía el Inca a su derecha al Supremo Villac, vestido de blanca lana esquilada a las alpacas del Hatum.
Las callisapas, que debían tomar parte en las épicas pruebas de la Intipampa, aparecieron ataviadas de los lujosos trajes correspondientes a su estirpe y portaban primorosas jarras de vidriada greda, llenas de la chicha litúrgica. Venían por el lado de la ciudad, escoltadas de una centuria de infantes, cuyas picas y arcos chispeaban bajo el sol.
