Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos ¡Ay!, el pequeño que asà tomaba el azúcar a la buena madre, quien, luego de sorprenderle, se ponÃa a acariciarle, alisándole los repulgados golfos frontales:
—Pobrecito mi hijo. Algún dÃa acaso no tendrá a quién hurtarle azúcar, cuando él sea grande, y haya muerto su madre.
Y acababa el primer yantar del dÃa, con dos ardientes lágrimas de madre, que empapaban mis trenzas nazarenas.