Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Ayer estuve en los talleres tipográficos del Panóptico, a corregir unas pruebas de imprenta.
El jefe de ellos es un penitenciado, un bueno, como lo son todos los delincuentes del mundo. Joven, inteligente, muy cortés; SolÃs, que asà se llama el preso, pronto ha hecho grandes inteligencias conmigo, y hame referido su caso, hame expuesto sus quejas, su dolor.
—De los quinientos presos que hay aquà —afirma—, apenas alcanzarán a una tercera parte quienes merezcan ser penados de esta manera. Los demás no; los demás son quizás tan o más morales que los propios jueces que los condenaron.
Arcenan sus ojos el ribete de no sé qué platillo invisible, y de amargura. ¡La eterna injusticia!
Viene hacia mà uno de los obreros. Alto, fornido, acércase como alborozado y me dice:
—Señor, buenas tardes. Cómo está usted —Y me tiende la mano con viva efusión.
No le reconozco. Le pregunto por su nombre.
—¿No recuerda usted? Soy Lozano. Usted estuvo en la cárcel de Trujillo cuando yo también estuve en ella. Supe que lo absolvió el Tribunal y tuve mucho gusto.
En efecto. Ya le recuerdo. Pobre hombre. Fue condenado a nueve años de penitenciarÃa, por ser uno de los coautores de un homicidio.
