Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¿Qué temperatura hace aquí? —preguntó Benites.
—Unos 48 a 50 grados —dijo el patrón.
—¿Y cuántas horas seguidas trabajan estos hombres?
—De seis de la tarde a seis de la mañana. Pero ganan una prima.
El patrón dijo esto y añadió, alejándose en puntillas en dirección a los obreros desnudos, pero sin que estos pudiesen verlo:
—Un momento. Espéreme aquí. Un momento…
El patrón avanzó a paso rápido, agarró un balde que encontró en su camino y lo llenó de agua fría en una bomba. ¿Qué iba a hacer ese hombre? Uno de los obreros, desnudos y sudorosos, estaba sentado, un poco lejos, en el borde del rectángulo de acero. Acodado en sus rodillas, apoyaba en sus manos la cabeza inundada de sudor. Dormía. Algunos de los otros obreros advirtieron al patrón y, como de ordinario, temblaron de miedo. Y fue entonces que Leónidas Benites vio con sus propios ojos estupefactos una escena salvaje, diabólica, increíble. El patrón se acercó en puntillas al obrero dormido y le vació de golpe el balde de agua fría en la cabeza.
—¡Animal! —vociferó el patrón, haciendo esto—. ¡Haragán! ¡Sinvergüenza! ¡Ladrón! ¡Robándome el tiempo!… ¡A trabajar! ¡A trabajar!…