Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —Sí, señor. Porque mi papá me enseñó en el campo.
—Muy bien. Entonces, todos a copiar.
Los niños sacaron sus cuadernos y se pusieron a copiar el ejercicio que el profesor había escrito en la pizarra.
—No hay que apurarse —decía el profesor—. Hay que escribir poco a poco, para no equivocarse.
Humberto Grieve preguntó:
—¿Es, señor, el ejercicio escrito de los peces?
—Sí. A copiar todo el mundo.
El salón se sumió en el silencio. No se oía sino el ruido de los lápices. El profesor se sentó a su pupitre y también se puso a escribir en unos libros.
Humberto Grieve, en vez de copiar su ejercicio, se puso otra vez a hacer dibujos en su cuaderno. Lo llenó completamente de dibujos de peces, de muñecos y de cuadritos.
Al cabo de un rato, el profesor se paró y preguntó:
—¿Ya terminaron?
—Bueno —dijo el profesor—. Pongan al pie sus nombres bien claros.
En ese momento sonó la campana del recreo.
Una gran algazara volvieron a hacer los niños y salieron corriendo al patio.