Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Acaso me ama un poco! —repetÃase en la mesa el señor Lorena, ovalando un mordisco episcopal sobre el sabroso choclo de mayo, que deshacÃase y lactaba, de puro tierno, entre los cuatro dÃgitos del tenedor argénteo. Porque, en verdad, mi excelente contertulio no parecÃa estar muy seguro de lo que sentirÃa por él la dama de su corazón. Tanto, que muchas veces, su tranquilidad ante esta incertidumbre, y la longevidad de semejantes relaciones estadizas, tornábanme descreÃdo, y hacÃanme pensar que todo no podÃa pasar acaso de un reverendÃsimo boato de vanidad inofensiva, de parte del señor Lorenz, ya que él era apenas un ciudadano más o menos herbolario, y ella un divino anélido de miel, hecho para volverle agua la boca al más ahito de los salomones de la tierra. Mas vino prueba en contrario, una mañana en que ingresó el señor Lorenz al restorán. ¿Qué le pasaba al señor Lorena? ¿Qué cara traÃa, tan a crespas facciones trabajada?
—¿Algún borrón en la tela, amigo mÃo?
—Nada —respondióme en un mugido—. Solo que acaba de pasar ella, acompañada de un bribón, de quien ya me han noticiado como novio suyo…
—¿Cómo? —aducÃle sarcásticamente—. ¿Y usted? ¿Y sus diez años de amor?
El señor Lorena salióme entonces al encuentro, pidiendo un antipasto de jamón del paÃs y sardinas. Servido este, añadió regocijado: