Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos DespedÃme de él, y, ya a solas, llegué a decirme para mÃ: Orate de amor. Bueno. Pero ¿qué querÃa significar aquello de orate de candor, apóstrofe de ironÃa con que inició su jerigonza?
Anoche vino a mà el mozo.
—Escúcheme usted —me dijo, sentándose a mi lado y encendiendo un cigarrillo—. Escúcheme cuanto voy a referirle ahora mismo, ya que ello es harto extraordinario, para quedar oculto para siempre.
Miróme con melancolÃa que taladraba y, echando luego temerosas y repetidas ojeadas hacia los ventales del aposento, con sigilo y gravedad profunda continuó de este modo:
—¿Usted conoce a la mujer que amo?
—No —le repliqué al punto.
—Perfectamente. No la conoce. Pues rÃase de como la esbocé esta tarde. Nada. Esas frases eran solo truncos neoramas de la gran equis encantada que es la existencia de tan peregrina criatura.
Y armando cinegético, disparado ceño de quien fuera a capturar órbitas, hizo rechinar los dientes y hasta las encÃas contra las encÃas, flagelóse desde los lóbulos de las orejas desoladas hasta la punta de la nariz con un relámpago morado; clavó frenético ambas manos entre la greña de erizo como para mesársela, y deletreó con voz de visionario que casi me hace estallar en risotadas: