Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —Oye —la murmuré lacerado, como quien manotea a ciegas en un precipicio, mientras las flotantes manos suyas, de un cárdeno espasmódico, subieron a asentar el cabello en sus sienes invisibles—. ¿Quieres decirme una cosa?
Ella sonrió llena de ternura y acaso con cierto frenesÃ.
—¡Oye, Mirtho adorada! —repetÃla titubeante.
Interrumpióme violentamente y me clavó sus ojos de hembra en celo, arguyéndome:
—¿Qué dices? ¿Mirtho? ¿Estás loco? ¿Con cara de quién me ves?
Y luego, sin dejarme aducir palabra:
—¿Qué Mirtho es esa? ¡Ah! Con que me eres infiel y amas a otra. Amas a otra mujer que se llama Mirtho.
¡Qué tal! ¡Asà pagas mi amor! Y sollozó inconsolable.
* * *
Calló el adolescente relator. Y, al difuso fulgor de la pantalla, parecióme ver animarse a ambos lados del agitado mozo, dos idénticas formas fugitivas, elevarse suavemente por sobre la cabeza del amante, y luego confundirse en el alto ventanal, y alejarse y deshacerse entre un rehilo telescópico de pestañas.