Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos El chino las volvió a coger, angulando en el aire miradas por demás febriles y de angustioso devaneo, para que ellas no descorrieran ante mà ciertas presunciones sobre la causa de su vigilia. Las cogió y examinólas detenidamente a la luz. SÃ. Dos pedazos de mármol.
Luego, sin abandonarlos, acodado en la mesa, desaguó entre dientes algún monosÃlabo canalla que alcanzó apenas a ensartarse en el ojo tajado, donde el alma del chino lagrimeó de ambición mezclada de impotencia. Hala otra vez el mismo cajón y aupado acaso por un viejo tesón que redivivÃa por centésima vez, toma de allà numerosos aceros, y con ellos empieza a labrar sus mármoles de cábala.
Ciertas presunciones, dije antes, saltaron ante mÃ. En efecto. ConocÃa yo desde dos años atrás a Chale. El mongol era jugador. Y jugador de fama en Lima; perdedor de millares, ganador de tesoros al decir de las gentes. ¿Qué podÃa significar, pues, entonces esa vela tormentosa, ese episodio furibundo de artÃfice nocturno? ¿Y esos dos fragmentos de piedra? Y luego, ¿por qué dos y no uno, tres o más? ¡Eureka! ¡Dos dados! Dos dados en gestación.