Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Allí estaba Chale. Desde la cabecera de la mesa, presidía la sesión, en su impasible y torturante catadura todopoderosa: dos correas verticales por cuello, desde los parietales chatos de ralo pelaje, hasta las barras lívidas de las clavículas; boca forjada a la mala en dos jebes tensos de codicia, que no se entreabrían jamás en sonrisa por miedo a desnudarse hasta el hueso; camisa heroica hasta los codos. El latido de la vida saltábale de un pulso al otro, buscando las puertas de las manos para escapar de cuerpo tan miserable. Livor nauseante sobre los pómulos de caza.
Podría decirse que allí se había perdido la facultad de hablar. Señas. Adverbios casi inarticulados. Interjecciones arrastradas. ¡Oh cuánto quema a veces el resuello branquial de lo que anda muerto, y sin embargo vivo en cada uno de nosotros!
Propúseme observar con toda la sutileza y profundidad de que era capaz, las más mínimas ondas sicológicas y mecánicas del chino.
Rayaba la una de la madrugada.