Damas oscuras
Damas oscuras Acompañado por el espectro, recorrió las calles desiertas hasta llegar a una mansión que se alzaba a orillas del Sena. Una vez allÃ, su guÃa se detuvo, y cuando las puertas se abrieron para recibirlos, entraron en un amplio vestÃbulo de mármol que ocultaba parcialmente una cortina, por cuyos pliegues transparentes penetraba una intensa luz que ardÃa con un brillo cegador. Una hilera de figuras femeninas fastuosamente vestidas y tocadas con guirnaldas de las flores más hermosas, aunque con los rostros ocultos por unas espantosas máscaras de calavera, se alineaba ante el cortinaje.
—¿Qué significa toda esta mascarada? —gritó el emperador, esforzándose por librarse de los grilletes mentales que lo retenÃan en contra de su voluntad—. ¿Se puede saber dónde me hallo? ¿Por qué se me ha traÃdo aquÃ?
—¡Silencio! —ordenó el guÃa, sacando todavÃa más la lengua negra y ensangrentada—. Si quieres librarte de una pronta muerte, guarda silencio.
