El Libro prohibido de Enoc
El Libro prohibido de Enoc 1 Desde allí fui a otra parte, a una montaña de roca dura;
2 había ahí cuatro pozos profundos, anchos y muy lisos. Y dije: «¡Qué lisos son estos huecos y qué profundos y oscuros se ven!».
3 En ese momento, Rafael el Vigilante y el Santo, que estaba conmigo, me respondió diciendo: “Estas cavidades han sido creadas con el siguiente propósito; que los espíritus de las almas de los muertos puedan reunirse y que todas las almas de los hijos de los hombres se reúnan ahí. Así pues esos son los pozos que les servirán de cárcel;
4 “Están hechos para tal cosa, hasta el día en que sean juzgados hasta momento del gran juicio que se les hará el último día». (Sal 68:19; Ef 4:9; 1P 3:19,20)
5 Vi allí al espíritu de un hombre muerto acusando, y su lamento subía hasta el cielo, gritando y acusando.
6 Entonces pregunté a Rafael el Vigilante y el Santo, que estaba conmigo: «¿De quién es este espíritu que está acusando que se queja de tal modo que sube hasta el cielo gritando y acusando?».
