Poemas
Poemas Las tablas que una orquesta enfática zarandea
chirrían bajo los pies grandes del magro bufón
que arenga no sin finura y sin desdén
a los curiosos que pisando el fango se hacinan frente a él.
El yeso de su frente y el colorete de su cara
causan maravilla. Perora y de repente se calla,
recibe patadas en el trasero, retozón,
besa el cuello de su comadre enorme, y voltea.
Aceptemos sus camelos, con el alma y el corazón.
Su corto jubón de tela floreada y sus pantorrillas
sinuosas hasta el abuso bien valen la detención.
Pero sobre todo, lo más admirable es
esa peluca sobre la cabeza de la que sale,
ágil, una coleta con una mariposa en la punta.
Antaño y hogaño
