Poemas
Poemas Muchos —ingenuos o acaso flemáticos—,
solo hallan en el bosque lánguidos encantos,
soplos frescos y perfumes tibios. ¡Son dichosos!
Otros —soñadores— se sienten atrapados por temores mÃsticos.
¡Son dichosos! Pero yo, inquieto, y sin descanso turbado
por un espantoso y vago remordimiento,
por el bosque tiemblo como un cobarde
que teme una emboscada o que ve a un muerto.
Esos grandes ramajes nunca apaciguados, como la onda,
de los que cae un negro silencio con una sombra
aún más negra, todo ese decorado lúgubre y siniestro
me llena de un horror vil y profundo.
Sobre todo en las noches de verano: las llamas del ocaso
se diluyen en el azul grisáceo de las brumas que tiñe
de incendio y de sangre; y el ángelus que tañe
a lo lejos parece un grito plañidero que se acerca.
El viento se levanta caliente y pesado, un susurro pasa
