Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna La atmósfera terrestre habrÃa de ser ciento setenta veces más transparente de lo que es para que los astrónomos pudieran hacer, a través de ella, observaciones completas en la superficie lunar. Pero en el vacÃo en que flotaba el proyectil no se interponÃa fluido alguno entre el ojo del observador y el objeto observado. Además Barbicane se hallaba a una distancia que no habÃan alcanzado nunca los más potentes telescopios, ni el de John Rosse, ni el de las Montañas Rocosas. Estaba, pues, en condiciones sumamente favorables para resolver la importante cuestión de la habitabilidad de la Luna. Asà y todo, esta solución se le escapaba todavÃa; no distinguÃa más que el lecho desierto de las grandes llanuras, y hacia el Norte montañas áridas; pero ninguna obra que revelase la mano del hombre, ni la ruina que revelara su paso. Tampoco se veÃa aglomeración de animales que indicase allà el desarrollo de la vida, ni aun en escala inferior. En ninguna parte se percibÃan movimientos, ni aparecÃa vegetación. De los tres reinos que formaban el globo terrestre, uno solo estaba en el globo lunar: el mineral.
—¡Ah! —exclamó un tanto consternado Miguel—. ¿Conque no hay nadie?