Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Pero sus compañeros no le escuchaban, y tomaban sus últimas disposiciones con admirable sangre frÃa. ParecÃan dos viajeros metódicos, que se encuentran en un coche ordinario y procuran acomodarse lo mejor posible. No se comprende, en efecto, de qué materia están hechos esos corazones americanos, que no dan una pulsación más de lo corriente ante un peligro espantoso.
Dentro del proyectil se habÃan instalado tres camas blandas y sólidamente aseguradas, como todo lo que iba allÃ. Nicholl y Barbicane se colocaron en el centro del disco que formaba el piso móvil; en ellas debÃan acostarse los viajeros pocos momentos antes de partir.
Entretanto, Ardán, que no podÃa estarse quieto, daba vueltas a su estrecha prisión, como una fiera enjaulada, hablando con sus amigos o con los perros, Diana y Satélite, a los cuales, como se ve, habÃa dado nombres significativos y en armonÃa con la expedición de que formaban parte.
Diana y Satélite.
—¡Hola Diana! ¡Hola, Satélite! ¡Vamos a ver si enseñáis a los perros selenitas los buenos modales de los perros terrestres! Esto hará honor a la raza canina. ¡Por Dios! Si alguna vez volvemos a la Tierra quiero traer un tipo cruzado de moon-dogs y estoy seguro de que causará sensación.
—Si es que hay perros en la Luna —dijo Barbicane.