Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Entretanto había terminado el desayuno, y los observadores habían vuelto a ocupar sus puestos. Intentaban ver algo a través de las oscuras lumbreras apagando la luz interior; pero no distinguían ni un átomo luminoso en medio de aquella oscuridad.
Un hecho inexplicable ocupaba el pensamiento de Barbicane. ¿Cómo se concebía que habiendo pasado el proyectil a la corta distancia de 50 kilómetros de la Luna, no hubiera caído en ella? Si su velocidad hubiera sido muy grande se comprendería que no hubiera caído; pero con una velocidad relativamente mediana, era incomprensible aquella resistencia a la atracción lunar. ¿Se hallaba sometido el proyectil a alguna otra influencia? ¿Había algún cuerpo que lo mantuviera en el éter? Era ya indudable que no tocaría en ningún punto de la Luna. Pero ¿dónde iba? ¿Se alejaba del disco o se acercaba a él? ¿Iba arrastrado en profundas tinieblas a través del infinito? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo calcularlo en medio de la oscuridad? Todas estas cuestiones inquietaban a Barbicane, pero no podía resolverlas.