Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna En efecto, aquellas espesas tinieblas probaban que el proyectil habÃa dejado la tierra porque de no ser asà los viajeros hubieran visto el suelo iluminado por la Luna. Aquella oscuridad mostraba igualmente que el proyectil habÃa pasado de la última capa atmosférica; de lo contrario la luz difusa esparcida en el aire se habrÃa reflejado en las paredes metálicas de aquél y serÃa visible por el cristal de la lumbrera. No habÃa dudas, pues; los viajeros habÃan dejado la Tierra.
—He perdido —dijo Nicholl.
—Y te doy por ello la enhorabuena —respondió Ardán.
—Ahà están los nueve mil dólares —añadió el capitán, sacando un fajo de gruesos billetes.
—¿Queréis recibo? —preguntó Barbicane, tomando el dinero.
—Si no os causa molestia —respondió Nicholl—, siempre es una formalidad.
Y con el ademán más serio y flemático, ni más ni menos que si se encontrara ante su caja, el presidente Barbicane sacó la cartera, arrancó una hoja, extendió con el lápiz un recibo en toda regla, lo fechó y firmó y se lo entregó al capitán, quien, a su vez, se lo guardó cuidadosamente en la cartera.