Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Mientras tanto, el calculador Nicholl revisaba sus fórmulas de trayecto y manejaba las cifras con sin igual destreza. Miguel Ardán charlaba, ora con Barbicane, que apenas respondÃa, ora con Nicholl, que ni siquiera le oÃa, o con Diana que no entendÃa sus proyectos, y por fin consigo mismo, preguntándose y respondiéndose, yendo, viniendo, ocupándose en mil menudencias, ya inclinado sobre el cristal del fondo, ya encaramado en alto del proyectil, y siempre canturreando entre dientes. En una palabra, representaba detrás de aquel macrocosmos la agitación y la locuacidad francesas, y las representaba Miguel Ardán dignamente.
El dÃa, más propiamente dicho el transcurso de doce horas que constituye el dÃa en la Tierra, terminó con una cena abundante y delicada. No habÃa ocurrido ningún incidente capaz de alterar la confianza de los viajeros, los cuales, llenos de esperanza y seguros del éxito, se durmieron tranquilamente mientras el proyectil cruzaba los espacios celestes a una velocidad uniformemente decreciente.