Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —¡Yo no comprendo! —dijo Miguel.
—Pues es muy sencillo —replicó Barbicane.
—No tanto como parece —se defendió Miguel.
—Eso quiere decir que cuando nuestro proyectil ha llegado al límite de la atmósfera terrestre ha perdido ya una tercera parte de su velocidad inicial.
—¿Tanto?
—Sí, amigo mío, nada más que por su rozamiento con las capas atmosféricas. Comprendes muy bien que cuanto más rápidamente marche, más resistencia encontrará en el aire.
—Eso lo admito —respondió Miguel— y lo comprendo, por más que tus v subcero y tus v elevadas al cuadrado me hagan en la cabeza el mismo efecto que los clavos en un saco.
—Primer efecto del álgebra —replicó Barbicane—. Y ahora, para concluir, vamos a plantear inmediatamente estas expresiones, es decir, vamos a numerar su valor.
—¡Gracias a Dios! —exclamó Miguel.
—De estas expresiones —dijo Barbicane—, unas son conocidas y otras hay que calcularlas.
—Yo me encargo de estas últimas —dijo Nicholl.