Ante la bandera
Ante la bandera Verdad es que los barcos veleros están siempre sometidos a las variaciones atmosféricas, y en tiempo de calma tienen que someterse a la estabilidad. Así es que, por más que posean cualidades náuticas superiores a los de los steam-yates, no tienen jamás la garantía de marcha que da el vapor a estos últimos.
Parece, pues, que la superioridad pertenece al navío que reúne las ventajas de la vela y de la hélice. Pero sin duda no era ésta la opinión del Conde de Artigas, puesto que se contentaba con una goleta para sus excursiones marítimas, hasta cuando franqueaba los límites del Atlántico.
Aquella mañana la brisa ligera soplaba del Oeste. La Ebba sería, pues, favorecida, primero para salir del Neuze, y después para tocar, al través del Pamplico-Sound, en uno de esos golfos pequeños, especie de estrechos, que establecen la comunicación entre el lago y la alta mar.
Dos horas después la Ebba se balanceaba aún sujeta a sus anclas, cuyas cadenas comenzaron a estirarse con la marea baja. La goleta presentaba su proa a la embocadura del Neuze. La boya que la víspera flotaba a babor debía haber sido levantada durante la noche, pues no se la veía.