Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral William Emery, mientras tanto, observaba a sus colegas con atención, tratando de descubrir sus emociones bajo su fría apariencia.
El coronel Everest y Matthew Strux, ambos de una edad similar, eran reservados y formales. Hablaban con lentitud, pensando lo que decían, y se mostraban poco proclives a la confianza mutua más allá de los límites establecidos por la educación y la cooperación científica.
Nicholas Palander, que contaría unos cincuenta y cinco años, era uno de esos hombres que jamás han sido jóvenes y que tampoco serán nunca viejos. Su única diversión consistía en hacer cálculos, pudiendo realizar de memoria multiplicaciones con factores de cinco cifras. Pero nada más que los números parecía interesarle.
Michael Zorn se asemejaba a William Emery por su edad, temperamento y entusiasmo. Se había convertido en una celebridad precoz gracias a los experimentos realizados en el observatorio de Kiew sobre el tema de la nebulosa de Andrómeda. Sin embargo, su enorme modestia le impedía aparecer como un hombre creído de sí, prefiriendo colocarse en segundo plano con respecto a sus compañeros.