Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés LA GRANJA DE KERWAN II
AL dÃa siguiente, 20 de octubre, hacia las tres de la tarde, alegres gritos se oyeron en el camino a la entrada de la granja de Kerwan:
—¡Mira, padre!
—¡Mira, madre!
Eran Kitty y Sim que saludaban desde lejos a Martin y Martina MacCarthy.
—Buenos dÃas, hijos.
—Buenos dÃas, hijos mÃos.
Y en su boca este mÃos, estaba lleno de maternal orgullo.
El labrador y la labradora habÃan salido por la mañana de Limerick. Un viaje de unas treinta millas, cuando las brisas del otoño son ya frescas, y se dispone de un jaunting car, o sea, un carro en el que los viajeros se colocan de dos en dos, es penoso. Imaginad uno de esos dobles bancos que se ven en los bulevares de las ciudades, añadidle un par de ruedas, y completadlo con una plancha en la que descansan los pies de los viajeros, y tendréis el carruaje ordinariamente empleado en Irlanda. Si no es muy cómodo, pues no permite ver más que un lado del paisaje, ni el más confortable, porque va descubierto, es al menos el más rápido.
