Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Señoras y señores: les presento a su célebre patriota O’Connell, cuyo nombre encontrará siempre eco en el corazón de los irlandeses.
¡SÃ! O’Connell está allÃ, en la corte de Inglaterra en 1874, aunque estuviera muerto desde hacÃa veintiséis años. Y si se le hubiera hecho esta observación a Thornpipe, hubiera respondido que para un hijo de Irlanda, el gran revolucionario siempre está vivo. De este modo hubiera podido exhibir a mister Parnell, aunque este polÃtico no fuera conocido en aquella época. Después, y diseminados, vense otros cortesanos cuyos nombres se nos escapan, todos condecorados y llenos de cordones, celebridades polÃticas y militares, entre otros Su Gracia el duque de Cambridge, cerca de lord Wellington, y lord Palmerston junto a mister Pitt: en fin, miembros de la Cámara Alta, confraternizando con miembros de la Cámara Baja; tras ellos, una hilera de guardias, con uniforme de gala, a caballo en medio del salón, lo que indica que se trata de una fiesta como es raro ver en el castillo de Osborne. Todo comprende unos cincuenta hombrecillos, rabiosamente pintarrajeados, que representan con aplomo todo lo más aristocrático, lo más oficial en el mundo militar y polÃtico del Reino Unido.