Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Animado por el éxito, Hormiguita pensó en extender sus «negocios». A los periódicos y libros añadió cajas de cerillas y paquetes de tabaco, cigarros de poco precio, etc. Birk acabó por tener una verdadera tienda sobre la espalda. En ciertos días ganaba más que su amo, que no se mostraba celoso por cierto; al contrario, Birk era recompensado con algún buen pedazo de algo sustancioso y una caricia. Hacían una unión excelente aquellos tres seres, y todas las familias quisieran sentirse tan unidas como aquel perro y los dos niños.
