Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Ganar dinero en vez de perderlo en el camino; continuar de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, el tráfico de Cork; vender periódicos, folletos, artÃculos de librerÃa… en una palabra, hacer el comercio dirigiéndose a DublÃn.
Y para ejercer el comercio, ¿qué era preciso? Nada más que una carreta, en la que llevarÃa los géneros, preservados del polvo o de la lluvia con un lienzo encerado. A esta carreta irÃa Birk enganchado, y los dos niños la empujarÃan por detrás. Asà se recorrerÃa el camino del litoral, en el que hay ciudades de cierta importancia como Waterford, Wexford, Wicklow, y también diversas estaciones balnearias muy frecuentadas en aquella época del año. HabÃa que andar cerca de doscientas millas en estas condiciones, cierto; pero no importaba: se emplearÃan dos, tres meses; esto era lo de menos si la tienda ambulante realizaba ganancias mientras llegaba al fin.