Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés EN DUBLÍN
¡DUBLÍN! ¡Hormiguita está en Dublín! ¡Miradle! Es el actor que interpreta los grandes papeles, y pasa del teatro de un pueblo al de una gran ciudad.
Dublín no es una simple capital de condado; no es Limerick con sus cuarenta y cinco mil habitantes, ni Cork con sus ochenta y seis mil almas. Es una capital —la capital de Irlanda— que posee una población de trescientas veinte mil almas. Administrada por un alcalde, gobernador a la vez militar y civil, que es el segundo funcionario de la isla, asistido de veinticuatro aldermen, de dos sheriffs y de ciento cuarenta y cuatro consejeros, Dublín se cuenta entre las ciudades importantes de las Islas Británicas. Comerciante con sus docks, industrial con sus fábricas, sabia con su Universidad y sus Academias, ¿por qué los Workhouses son aún insuficientes para sus pobres, y las Ragged-School para sus niños abandonados?
No teniendo la intención de reclamar la asistencia, ni de la Ragged-School, ni de los Workhouses, no quedaba a Hormiguita más que llegar a ser un sabio, un comerciante, un industrial en espera de que el porvenir le hiciera rentista. Como se ve, nada más sencillo.
Al llegar, ¿sintió nuestro héroe disgusto por haber abandonado Cork? ¿Pareciole temerario haber seguido los consejos de Grip, consejos en perfecta concordancia con sus instintos?
